Puedo identificar exactamente el momento en que dejé de pensar.
Fue cuando descubrí que podía automatizar tareas repetitivas. Tareas que no agregaban valor. Pedazos de mi trabajo que podía delegar a un robot, a una automatización cualquiera y hoy a la IA.
Lo que no vi venir es que al delegar esos pedazos empecé a automatizar todo. Y dejé de pensar.
Dejé de conectar ideas. Dejé de manejar el flujo. Dejé de nutrirme del proceso.
Me recuerda mucho a la película Click, la de Adam Sandler. Un tipo con un control remoto que empieza a saltar las partes aburridas de su vida. Hasta que se da cuenta de que se saltó toda su vida.

Automaticé las tareas aburridas, repetitivas, que no agregaban valor y en el camino me automaticé yo mismo y se rompió la parte más valiosa de todo esto: el momento en que las ideas chocan entre sí y nace algo nuevo.
Por eso estoy volviendo a pensar.
No quiero un control remoto que me salte el proceso. Quiero estar presente en cada paso. Aunque algunas partes sean aburridas. Aunque tome más tiempo.
Porque el proceso es el contenido. Y pensar es lo único que ninguna automatización va a hacer por mí.
p.s. Escribir es pensar. La foto es de mi escritorio, donde tengo papel y lápiz debajo de mi teclado en todo momento.
p.s.2. Cambié el dominio desde Cortos de Productividad a El Productivista para dejar todo bajo la misma plataforma y marca.
